[Los 52 golpes] – #Golpe 2 – “Diluvio.”

Querida Lluvia,
cuánto has tardado este año en llegar.
Te he echado de menos,
no te lo voy a negar.

Gracias por venir,
me has hecho recordar que aún el invierno no se acaba.
He de decir
que me daba miedo dejar de sentir
el intenso frío que cala,
sus manos heladas acariciándome el alma.
De esta historia no escribir más,
en cuatro míseras páginas tener que llegar al final.

No quiero que todo esto se acabe,
que llegue el calor a las calles,
marchándose así de los cuerpos,
dejándolos helados y desiertos.

Perdóname Lluvia,
si esta noche no te atiendo.
Excúsame, querido papel,
por hacer que este poema aquí acabe.
Pero hoy me voy con mi tinta a su piel,
he de seguir trazando líneas
entre gloriosas curvas.

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Cuentos y patrañas.

Tremendo caos en el que te ves sumida,

no creías que llegaras a sentir esto en vida.

Que mientras estuvieras en pie

todo iría bien.

 

Ahora te das cuenta de que todo es mentira,

de que no todos los laberintos tienen salida,

de que aquellos hermosos cuentos

quizás solo existan en sueños.

 

Como si de un virus se tratara,

la tristeza se propaga.

Araña las paredes de su jaula,

que ahora es tu alma.

 

Más, seguro estoy,

de que pronto el mañana será hoy.

De que alcanzarás la superficie de este profundo mar,

de que todo esto será algún día algo que recordar,

y no por lo que tener que llorar.

[Los 52 golpes] – #Golpe 1 – “Eso somos.”

Vivimos por y para pisar a los demás.
Eso somos.
En eso nos hemos convertido.
En escaladores natos, buscando la cima por encima de todo.
Sin importar a quién dejamos atrás, olvidando quien te ha hecho estar donde estás.

Sin que el pulso tiemble, al machacar un alma inocente.
Arrancarle las alas, robando sus ansias y ganas de volar.
He visto luminosos ojos, olvidados en un indefinido apagón.
Sueños enredados en largos cabellos, desahuciados con despecho.
Labios de ensueño, resquebrajados por el frío de la soledad.
Mapas que decían esconder el mayor de los tesoros bajo tu piel, enterrados bajo una densa capa de polvo.
Pulmones que han olvidado lo que es el aire limpio, por vivir en una tóxica atmósfera.
Corazones rodeados de telarañas, cansados de no poder latir.
He visto verdaderas obras de arte, convertidas en la mayor de las ruinas.

Eso somos.
En eso nos hemos convertido.
En miserables asesinos de nosotros mismos.

 

 

http://www.los52golpes.com/2018/autor/manu-sanchez

Salta.

Un banco rodeado de cristales rotos.

Botellas llenas de sueños, reventadas en el suelo.

Un banco, dos almas, y un poco de magia.

La ciudad se detiene, observa expectante.

Semáforos en rojo.

Domingo, y las tiendas cerradas.

Llega la escena final, y las farolas despiertan.

Ella solo quería volar, dejar de llorar, empezar a soñar.

Despegar sus suelas del suelo.

Llevarse a su casa un cachito de cielo.

Lo que no sabe, es que su casa es el propio cielo.

Que odiosos demonios recortaron sus alas para siempre tenerla a su lado.

Pero que tiene alas.

Y vaya alas.

Llamadme asesino, pero la empujé al vacío.

¿De qué va todo esto, si no de volar todo cuanto podamos?

¿De verdad te vas a conformar con lo que hay aquí abajo?

 

 

A continuación os dejo este mismo texto, pero recitado por un humilde servidor, os aseguro que gana mucho así.

Pesadillas camufladas.

Alma pura,

muy poco en ti la sonrisa dura.

A falta de corazas

sonrisas regalas.

 

Te cortaste mil veces,

te quemaste hasta ser cenizas.

Y aún así,

de nuevo a la hoguera acudes,

el cuchillo tomas una vez más.

 

Abre los ojos,

deja que respiren tus poros.

Has de ser tú la que vea

que esto ya no es lo que era,

que esto nunca ha sido lo que querías que fuera.

 

Hazte el favor,

no vuelvas a sangrar,

a entre escombros arder.

Deja de cavar

una tumba en la que sin fuerzas caer.

No.

No esta vez.

Sálvate.

Bailar pisándonos.

Un par de locos

a la vista de todos,

eso somos.

Dos ebrios

que aceptan su condición,

borrachos de pasión.

Dementes,

que hagan lo que hagan,

siempre será con intensidad,

sintiéndolo de verdad.

 

Nadie lo supo ni lo sabe nombrar,

digamos que aceptamos volver a jugar,

y que no se nos da nada mal esto de disfrutar.

 

Porque lo que digan me da igual,

que ellos sigan con sus drogas, con su alcohol,

que cuando yo me quiera embriagar

solo tendré que admirar tus curvas, tu corazón.

 

Y jamás dudaré en sacarte a bailar,

aunque no sea en la pista,

aunque no marquemos los tiempos,

aunque sin parar nos pisemos.

Porque una revolución sin baile, no es una revolución que merezca la pena.

Alunizaje en tu piel.

Cruzar el cañón que forman tus senos,
tomar el puente de tus clavículas,
y acabar echando el ancla
en el foso que esconden tus labios.

Hacer una parada en tu ombligo
que es el ecuador,
buscar allí cobijo
sin, aún así, poder desprenderme de tu calor.

Fantasear con ser astronauta
al recorrer cada una de tus rutas,
al aterrizar en la totalidad de los lunares
que forman la constelación de tu piel.

Y que,
tras el soñado y sonado clímax,
tus ojos me digan,
sinceros y serenos,
que jamás nos pondremos puntos.
Que nos dibujaremos comas hasta la saciedad,
siempre habiendo miradas y palabras más allá.