Sombras.

Dicen algunos,
que nos dividimos en cuerpo y alma,
aunque me gusta diferir en esto,
y pensar que somos cuerpo y sombra.

Siempre me ha gustado pensar que nuestra sombra, es nuestra verdadera esencia.
Un ente frío y tímido, que se esconde de la cegadora luz que emite nuestra superficial sociedad.
Un ente que solo es distinguible por su silueta, coloreado a la perfección de un intenso negro, obra de un niño que intentaba no salirse de la línea.
Un ente que no se separa de nosotros, siempre pisándonos los talones, guardando nuestras espaldas, susurrándonos al oído cada vez que somos apariencia, y no esencia.

También hay quien dice que las sombras mueren con el sol, al anochecer.
Al igual que antes, difiero.
Cuando llega la noche, las sombras respiran tranquilas.
Nosotros ya estamos seguros dentro de nuestras camas, y ellas, las sombras, pueden vagar a su antojo, salir a disfrutar de su entorno, la oscuridad. Se pueden permitir el lujo de soñar.
Aunque por desgracia, el toque de queda impuesto por los despertadores es duro, hay que ir con cuidado.

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12 comentarios en “Sombras.

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