Salta.

Un banco rodeado de cristales rotos.

Botellas llenas de sueños, reventadas en el suelo.

Un banco, dos almas, y un poco de magia.

La ciudad se detiene, observa expectante.

Semáforos en rojo.

Domingo, y las tiendas cerradas.

Llega la escena final, y las farolas despiertan.

Ella solo quería volar, dejar de llorar, empezar a soñar.

Despegar sus suelas del suelo.

Llevarse a su casa un cachito de cielo.

Lo que no sabe, es que su casa es el propio cielo.

Que odiosos demonios recortaron sus alas para siempre tenerla a su lado.

Pero que tiene alas.

Y vaya alas.

Llamadme asesino, pero la empujé al vacío.

¿De qué va todo esto, si no de volar todo cuanto podamos?

¿De verdad te vas a conformar con lo que hay aquí abajo?

 

 

A continuación os dejo este mismo texto, pero recitado por un humilde servidor, os aseguro que gana mucho así.

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7 comentarios en “Salta.

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